¿Qué son los ultraligeros?

Los ultraligeros son un tipo de avión que se caracteriza por ser de bajo peso y precio asequible. Nacieron, aproximadamente, en la década del 80, cuando los consumidores del sector medio de la sociedad reclamaban poder acceder a aeronaves que fueran más baratas, debido a que en aquel entonces los aviones eran construidos en algunas pocas industrias ubicadas en los países más desarrollados, como por ejemplo Alemania y Estados Unidos.

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Luego de varios intentos, algunos creadores dieron con la clave, un avión de un costo relativamente bajo y de un peso reducido. Obviamente, este tipo de avión es para pocas personas, pero permite, al menos, disfrutar del vuelo a aquellos individuos que no cuentan con el dinero necesario para comprar uno grande. Por lo que se han convertido en auténticos consoladores, para las personas que no pueden volar con un avión grande.

Existen varios modelos de ultraligeros, sin embargo, los más conocidos son dos: el ultraligero de tres ejes y los pendulares. Los de tres ejes son los más sofisticados, se controlan a partir de, valga la redundancia, tres ejes que están dispuestos en los frenos y pedales. Estos aviones ultraligeros son bastante difíciles de manejar, para poder hacerlo se necesita tomar varias clases y de un permiso especial.

Los ultraligeros pendulares, como bien lo dice su nombre, se mueven gracias a un péndulo que cuelga y sirve como centro de gravedad. Cuando el piloto mueve el péndulo, el avión oscila hacia ese lado. Estos ultraligeros son los más sencillos y fáciles de manejar, solo requieren de un poco de práctica. No obstante, también es necesario asistir a clases y obtener un permiso para manipularlos.

Actualmente hay más de veinte mil pilotos de ultraligeros en el mundo, siendo el mayor foco Canadá y Estados Unidos. Aunque parezca imposible, varios de estos pilotos, han dado la vuelta al mundo en un ultraligero. Esto es algo  muy arriesgado y peligroso, pues a diferencia de los aviones convencionales, los ultraligeros, no brindan al piloto una protección de mayor escala.

Las fuerzas especiales, y también los bomberos, utilizan los aviones ultraligeros para buscar y rescatar personas en los bosques que son inaccesibles y en los océanos. También son utilizados para llevar medicina o heridos de un lugar a otro, y en las escuelas militares se los emplea para adiestrar a los pilotos que más adelante conducirán aviones de gran tamaño.

Han constituido un gran avance para el hombre. Ahora cualquiera que lo disponga, puede volar. Además en muchos lugares, personas dándose cuenta del inminente éxito de este invento, han creado locales que se desempeñan alquilando o rentándolos. Esto permite que aquellas personas que no disponen del dinero suficiente para comprarlo, puedan adquirirlo por unas horas para probarlo. Este invento que parecía ser un hobby en la década de los 80 ha terminado por convertirse en uno de los grandes deportes del siglo XXI, que será recordado, sin duda alguna, a lo largo de la historia.

Actualmente se está trabajando en nuevos y mejorados prototipos que brindarán, entre otras tantas cosas, al piloto, más seguridad y confianza al momento de volar.

Los ultraligeros pendulares

Los ultraligeros pendulares son aquellas aeronaves que tienen un precio relativamente bajo y que son fáciles de manejar. Cuentan con un péndulo que cuelga y sirve como centro de gravedad. También se llaman Trikes y actualmente son utilizados como deporte. A diferencia de los ultraligeros de tres ejes, los pendulares no requieren de mayores cuidados. No se necesita tener estudios avanzados ni un físico descomunal. Solo ganas y voluntad.

Están formados por dos ejes y tres ruedas, por lo general solo tienen espacio para un piloto, pero en raras ocasiones se ven Trikes para dos personas. Se mueven gracias a un motor propulsor que tienen colocado en la parte trasera. Son ligeros y cuentan con una gran ala que les permite lograr un equilibrio perfecto.

En este momento son muy demandados por los consumidores, y por ello las grandes industrias se están empeñando en mejorarlos a partir de nuevos y revolucionarios motores. Estos ultraligeros cuentan con grandes medidas de seguridad, como por ejemplo con cinto y arnés.

Para manejarlo el piloto tiene que mover una palanca que está por encima de él y que proviene de las alas. Esta palanca permite que controle toda la aeronave. También entre las piernas posee un timón que le permite controlar las ruedas y el motor.

Los ultraligeros pendulares son perfectos para aquellos que recién se están incursionando en el mundo de la aerodinámica. Sus precios son muy accesibles y además existen muchas tiendas que se dedican a alquilarlos o rentarlos por un determinado tiempo.

Los permisos que se necesitan para poseer uno son fáciles de adquirir. Para utilizarlos por primera vez se recomienda asistir a un campo que sea liso, y sin árboles. Puesto que al principio puede que cueste un poco manipular el motor, las alas y las ruedas.

El ultraligero de tres ejes

El ultraligero es un tipo de avión que se confeccionó en el siglo pasado a raíz de una alta demanda de la clase media por aeronaves de mejor calidad a mejores precios. Existen tres tipos de ultraligeros, y hoy hablaremos de uno de ellos, que se caracteriza por ser el más resistente pero también sofisticado y complicado de manipular. Estamos hablando del ultraligero de tres ejes, que como dice su nombre, se manipula por medio de tres ejes que están interconectados al timón.

Estas aeronaves, para aquellos que no las identifiquen, son bastante parecidas a las avionetas. Son ligeras y seguras, y los tres ejes que poseen le permiten hacer movimientos en tres direcciones, lateral, vertical y longitudinal. Los ultraligeros de tres ejes más comunes son aquellos que están hechos a partir de tela y metal, teniendo solo espacio para un pasajero. No obstante, hoy en día se están creando muchos nuevos modelos que cuentan con motores más avanzados y sofisticados.

El primer modelo que se lanzó al mercado de ultraligeros de tres ejes fue el Coyote, que vio el cielo por primera vez en el año 1983. Cuando se lo confeccionó, se quería lograr hacer aviones de bajo precio a gran escala. El coyote tuvo, en aquel entonces, un tiempo de construcción de 100 horas, permitiendo que en una semana se pudieran hacer más de diez ejemplares. Las grandes industrias comenzaron a quedan fascinadas por la respuesta del público consumista y comenzaron a crear en masa aviones ultraligeros.

Dentro de la nave, el piloto va sujeto a un arnés que está dentro de una estructura de metal. Esto permite que la seguridad y protección del individuo que pilotee la aeronave sea ejemplar.

Lo que hace posible que el ultraligero de tres ejes se construya tan rápido, son sus partes, que vienen echas ya de fábricas. Se utilizan partes pre-fabricadas que solo tiene que ser soldadas y acomodadas. De esta forma, los aviones ultraligeros no solo están propiciando ganancias a los creadores, sino también a aquellos que comercializan con los productos y elementos necesarios para su creación.

Actualmente los ultraligeros de tres ejes pueden llevar un pasajero y cuentan con un tiempo de confección que ronda las 130 horas. El aumento del tiempo que requiere su construcción se debe a las medidas de seguridad que se han indo implementando a lo largo del tiempo.

Cuenta, también, con una cola ligera que le permite moverse con una libertad sin igual. La cola se puede cerrar, ya sea para hacer alguna acrobacia o por una emergencia. Como ya se ha mencionado en otras publicaciones, los ultraligeros son utilizados por muchas instituciones. Por ejemplo en el ejército, que lo usan en los pilotos iniciados, que en un futuro no muy lejano, tendrán que pilotear naves de gran escala. También son utilizados por ONG´s y organizaciones de médicos para trasladar medicamentos y alimentos a zonas de países que son muy peligrosas a pie. Utilizar estos aviones es algo difícil, pero luego de practicar se vuelve fácil.

El autogiro

El autogiro es un tipo de ultraligero que fue confeccionado y desarrollado por Juan de la Cierva, un español que estudió en su juventud ingeniería.   El autogiro es bastante sencillo, pero a la vez sofisticado. Su ala es giratoria, como la de los helicópteros, y se mueve como producto del viento que entra y sube desde abajo.  Este movimiento giratorio es permitido por el rotor que está debajo de la hélice. El mismo es independiente, es decir, no está conectado al motor del ultraligero, siendo esto algo totalmente distinto a los helicópteros, donde el rotor es movido por la acción del motor.

La parte externa de los autogiros es medianamente resistente, está echa a partir de acero inoxidable. Debe de resistir las condiciones del trabajo diario y, en caso de choque, soportar la máxima cantidad de daño posible. Dispone de tres ruedas dos delanteras y una trasera, más pequeña que las otras. Esta rueda trasera cuenta con pedales, que hacen posible el movimiento del autogiro en la tierra. A medida que va ganando velocidad, va siendo cada vez menos la cantidad de pedaleo que requiere.

Este ultraligero es muy liviano y por ello es utilizado por muchas personas en las tareas diarias del campo, por ejemplo. Permite que su aterrizaje sea pacífico y seguro, y no se necesita de conocimientos mayores para manipularlo. El rotor y el aire hacen casi todo, el ser humano solamente tiene que disponer hacia qué lugar se moverá, y que trayectoria seguirá. EL precio de este modelo de ultraligero es muy accesible y es utilizado por las empresas que enseñan aerodinámica en los recién iniciados, ya que al ser fáciles de manejar, permiten que el piloto sienta seguridad y confianza. También son utilizados por el ejército y por los médicos para entregar medicamentos  a zonas de difícil acceso.

Cosas que necesitas saber de los ultraligeros

Los ultraligeros fueron creados en la década de los 80 como producto de una alta demanda del sector medio por aviones que fueran de bajos precios y capaces de volar a medianas alturas. En esta publicación compartiremos cosas que, consideramos, debes saber sobre estas formidables aeronaves.

 

  • Existen muchos tipos de ultraligeros pero lo más famosos son dos, los de tres ejes y los pendulares. Estos últimos son utilizados como deporte por muchas personas, puesto que manipularlos y pilotearlos no es nada difícil. Con un poco de práctica ya se puede estar usando un pendular, o Trike, también se le llama así. Los de tres ejes son más sofisticados, tienen capacidad para dos personas y están formados de titanio, tela y acero inoxidable. Son utilizados por el ejército como forma de entrenamiento y por grandes organizaciones para buscar heridos o desaparecidos. Constan, al igual que los pendulares, de tres ruedas. Los ultraligeros perdúrales, en cambio, son para un público más relajado, puesto que no presentan mayor peligro.

 

  • El primer ultraligero fue lanzado al mercado en el año 1983, fue de tres ejes, y tenía un tiempo estimado de construcción de 100 horas. Hoy en día, esa misma aeronave demora en construirse unas 130 horas, puesto que se ha sido modificada, por razones de seguridad, incontables veces.

 

  • Los ultraligeros son pre-fabricados, esto quiere decir que sus partes vienen echas de otros lugares y en las industrias que se los venden lo único que hacen es soldarlas.

 

  • Más de sesenta mil personas en el mundo son pilotos de ultraligeros, pero solo unas pocas de ellas manipulan a menudo uno de tres ejes. Los mayores países con pilotos de estas naves son Canadá y Estados Unidos.

 

  • Varios países de Latinoamérica y Europa se dedican a confeccionarlos, por ejemplo Chile, Brasil y Hungría.

 

  • En México los ultraligeros son considerados como armas mortales, el estado trata en lo posible de que la población no pueda acceder a ellos, imponiendo reglamentaciones absurdas y permisos excesivos en cantidad y precio.

 

  • Antes los ultraligeros no tenían casi protección y esto provocaba que la seguridad de los pilotos, que eran en su mayoría inexpertos, fuera pésima. Hoy en día, esto ha cambiado, y mucho. Los pilotos se someten a duros entrenamientos tanto físicos como psicológicos, y los aeroplanos cuentan con medidas preventivas suficientes, como un arnés, una jaula y un cinturón.

 

  • Los ultraligeros se pueden construir de forma casera, aunque no es muy recomendable. En internet existen cientos de miles de vídeos y tutoriales que enseñan cómo hacerlo.

 

Esperamos que con esta escaza publicación puedan conocer algunas de las cosas que caracterizan a los ultraligeros. Estas innovadoras máquinas han marcado, sin duda alguna, un hito en la historia de la humanidad y de la ingeniería. Han permitido que el hombre posea una nueva forma de volar, y de ser libre. Y también ha beneficiado a los sectores medios que antes no podían acceder a aviones. Han implicado un gran avance económico para aquellas personas que se dedican a fabricar las partes con las que se hacen.

Viaje a Ibiza

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Uno de los primeros deseos que tuve cuando conocí los autogiros fue el de volar hasta Ibiza. Gracias a Juan Torres que nos animó y nos convenció, y gracias a Isaac, con quien volé, cumplí ese sueño.

El viernes 3 de agosto de 2007 cruzamos los 90 km que separan la península de la isla. Los protagonistas fuimos Juan Torres y Javier Diago en un MAGNI, Antonio Peña y Angel Malagón en un ELA, Ferrán Roselló y María Antonia Verdaguer, en otro ELA e Isaac Penela y Juanqui Arroyo (yo) en otro MAGNI.

La travesía comenzó en Balica (Benicolet) adonde fuimos llegando todos ese mismo viernes por la mañana, de varias formas, desde varios sitios. En las novelas de aventuras esta disparidad da mucho juego para contar las andanzas previas de cada uno de los participantes. Aquí ni hay espacio, ni esto ha sido una aventura novelesca, ni yo soy novelista aunque ínfulas no me falten.

En Benicolet nos estaban esperando, con una paella de esas de chillarle, Pepe Santamaría (el dueño del campo), el alcalde y, ¡atención!: la tripulación de un helicóptero del SAR, ¡toma ya!

Aunque viajar a Ibiza era una vieja ilusión, el helicóptero del SAR compitió duramente para subir al podio de lo sueños por cumplir. Estuve a puntito de hacerme el desmayado y dejarme rescatar por el SAR para cruzar a Ibiza a bordo del helicóptero de salvamento.

Repostamos todos con el pajero, menos el helicóptero que venía lleno de combustible.
– Eh, los del SAR, si queréis repostar os dejamos el pajero.

Fotos, saludos, buenos deseos de felices vuelos y los del SAR firmando autógrafos. ¡Como si no hubiesen cruzado nunca!
– ¡Eh!, ¡Que tiene más mérito cruzar con el autogiro!

Al equipo de Lepe fue a visitarlo el Madrid y en una falta directa contra ellos, uno de la barrera se puso mirando a portería. Los compañeros de barrera le dijeron: “Quillooo, date la vuelta” y respondió. “Si hombre…Me voy a perder yo el gol”. Pues en Balica pasó lo mismo, el auténtico espectáculo era el helicóptero.

Después de comer, Juan y Gelo nos devolvieron la que Isaac y yo les habíamos preparado en su primer vuelo a Ibiza, hace ya tres años. En aquella ocasión les acorralamos contra un café con magdalenas en el mismo bar de la paella de este año, y les repetimos, hasta que las magdalenas se les indigestaron, lo que tendrían que hacer cuando se cayeran al mar, dando por hecho que se iban a caer. Esta vez, tomándonos la deliciosa ensaimada de Mallorca que nos habían traído de postre los del SAR, Gelo nos repitió de pé a pá el procedimiento a seguir cuando el autogiro se precipitase al mar. He de reconocer que se me retorció la ensaimada en el estómago. Después de esas risas se decidió bautizar la operación de paso a Ibiza como: “la operación ensaimada”.

A las cinco y cuarenta y cinco, plan de vuelo mediante, despegamos rumbo a la costa.
Desde que vimos el mar ya se notó que el viaje iba a ser una pasada. Nos pusimos en paralelo a las playas, encima del mar y la visión de las playas del norte de Denia era espectacular. Llegó el momento de abandonar la línea de costa y virar al Este, hacia el destino. Me invadió una sensación muy especial. No era miedo, era un cosquilleo inigualable, de alegría, de embargo, ese tipo de sensaciones en las que el cuerpo necesita respirar una sola vez muy profundamente, como una sensación de ansiedad. Los cincuenta minutos sobre el mar fueron maravillosos y la inmensidad del mar en vez de provocarnos tensión nos calmaba, nos llenaba de amoción. Isaac y yo, que íbamos sin intercomunicador, nos hacíamos señas con el pulgar levantado, agitábamos el puño, nos dábamos golpes en los hombros.

Había bastantes barcos, suficientes como para estar siempre viendo alguno. Volamos a doscientos o trescientos metros de altura los cuatro autogiros y el SAR, que se mantenía cerca pero respetuosamente lejos para no “enturbiarnos” la masa de aire, constituían una imagen inigualable. Nos hicimos fotos, disfrutamos del mar, de las olas, del horizonte, seguros de que en unos minutos veríamos Ibiza. En algún momento hubo algún ruidín que me inquietó durante una milésima de segundo. El resto del tiempo, segundo tras segundo, el viaje fue maravilloso.

A unos quince kilómetros de tierra divisamos Ibiza. Primero se ve una impresionante isla-pico, “Es Vedrá”, al que los viejos de lugar le atribuyen legendarias historias relacionadas con otros mundos y luego, poco a poco, se comienza a divisar el puerto de San Antonio. Cuando estuvimos cerca de tierra volando en paralelo por las playas, por el famoso Café del mar, el barco pirata y el Puerto de San Antonio, la sensación pasó de maravillosa a inexplicable.

Aterrizamos en un pequeño campo del centro de la isla donde fuimos recibidos por una treintena de vecinos y amigos. Allí estaban la madre de Juan, Alfredo ¡si hombre el de UC!, Antonio Torres Casado, Diego, y hasta el alcalde de Santa Eulalia ¡un honor!. También fueron los medios: el Diario de Ibiza y la televisión autonómica IB3 a la cual algún piloto le dio un bautizo y le prometió darle unas pasadas en Formentera al día siguiente.

Ya sé que no es ninguna hazaña, que no es ninguna heroicidad, para la humanidad no es ni siquiera un pequeño paso, pero para mí,… Revisando ahora ese momento recuerdo que tuve ganas de saltar, de ponerme de rodillas con los brazos en cruz y acercar los labios a la tierra arcillosa de la pista, como si fuese el Papa o Fidel, en plan mesiánico. ¡Menos mal que no lo hice! porque luego la tontería la hubieran visto mis hijos. Aunque si tuviese algo menos de vergüenza lo habría hecho, ¡qué demonios!, habría salido en la tele y en los periódicos. Ya estoy viendo los titulares: ¡Menudo merluzo el del molinillo, se creerá Lindberg! La verdad sentia mucha más emocionado que cuando con 18 años entramos por primera vez en una concurrida tienda erotica de Barcelona, donde los ojos se me salían de las órbitas al ver aquellas señoritas en sus camaretas luciendo toda su extenso catálogo de lenceria erotica por unas monedas donde jugaban a juegos prohibidos con sus grandes consoladores y juguetes varios..

Ya habíamos estado en Ibiza otra vez con Pere-Lluc y, como en aquella ocasión, os aseguro que tenemos suerte de contar con este amigo y anfitrión. Ibiza tiene un pedazo de cocina local y unos restaurantes y chiringuitos que ¡olé!; nada presuntuosos, en los que se comen buenos guisos, sencillos y sabrosos, con buena materia prima, como el bullit de peix, exquisito guiso de pescado al que sigue, después del festín, una paella de arroz que se cuece con el caldo sobrante del guiso. A este plato, además de chillarle, hay que darle la “vuelta al ruedo”. No se quedan atrás las paellas ibicencas y es que en esta isla el arroz lo miman como en pocos sitios.

Entre plato y plato, playita, zodiac, risas y chiringuito nos dimos un vuelo hasta Formentera que es, quizás, el mejor vuelo de mi historia. Me hubiera gustado ir con mi autogiro pero volar con Antonio no estuvo falto de emoción, sobre todo en las cercanías de las playas nudistas. Entre Ibiza y Formentera hay apenas veinte kilómetros de los cuales casi la mitad son una estrecha lengua de playa de unos treinta metros de ancho. El viaje se hace cortísimo porque hay una auténtica autopista de barcos haciendo el mismo trayecto y nunca tienes la sensación de estar volando diez o quince kilómetros sobre el mar.

Además de Pere-Lluc estuvimos asistidos en todo momento por otro Joan Torres, piloto de trike, amigo de otras ocasiones, y por Joan Manils, presidente del Real Aeroclub de Ibiza, a los cuales, igual que a sus familias, les agradecemos también su hospitalidad. De Manils es el mejor chiste del verano: el “chiste de la vaca”. Si la petición popular mediante cartas al director es suficientemente grande, lo contaré en la próxima historieta.

Habíamos llegado el viernes y el lunes por la mañana partimos de vuelta, rumbo a Balica y luego a casa. La vuelta tuvo alguna incertidumbre meteorológica en forma de nubes y lluvia. Llegamos a Benicolet acompañados de nuevo por el SAR, nos acompañaron hasta que aterrizamos y se volvieron para su base mallorquina. Va desde aquí nuestro agradecimiento y reconocimiento a la labor de unos hombres cuya principal y arriesgada misión es salvar vidas.

Nos abrazamos, nos tomamos un café y nos despedimos hasta octubre que nos iremos, si dios quiere, a Marruecos.
¿Quién organiza?
Otra vez Pere-Lluc.
Esta vez Marcos, aunque hay algo de agua, creemos que vendrá.
Y cuando escriba el relato os contaré el chiste de la vaca.

El relato de la Aventurilla

Redactado por Juan Carlos Arroyo.

Tengo la sensación de que todas las aventurillas a las que voy se parecen mucho, aunque sé que todas son diferentes. En la vida esto también pasa: para pasarlo bien solemos ir con los mismos amigos a los mismos sitios a hacer lo de siempre y a hablar de lo de siempre.
Si la fórmula es buena ¡repítala!. Amiguetes, mas avión, mas vacaciones, garantía de éxito. ¿Y el viento o la lluvia?, ¡qué más dá!. forman parte de la historia y si, por casualidad, hace buen tiempo y podemos volar pues ¡miel sobre hojuelas!.

El jueves 7 de junio, unos salimos de Cerval, otros, casi todos los demás, de Proença a Nova, para llegar a Mirandela, luego fuimos a Seia. Dormimos allí y al día siguiente fuimos a Monfortinho. De allí a Santarem aunque los autogiros nos quedamos en Castelo Branco porque un problema mecánico con el prelanzador le impidió a Fernando seguir. De allí, al día siguiente, fuimos a Arraiolos y luego a Évora. El último día volamos hasta Ferreira do Zezeré y, de allí de vuelta a casa. Los hoteles fenomenal y las comidas, algunas buenas y otras buenísimas, incluso rayando en lo que se entiende como banquete. Sesenta y dos aviones, cincuenta de ellos biplaza, es decir, más de cien participantes. De ellos, ocho autogiros, dos portugueses y seis españoles.
La volta se desarrolla por el interior de Portugal, descubriendo las sierras, los cortados del Duero y del Tajo y también entre tormentas. Los partes de la tele durante los cuatro días que duró la vuelta dieron lluvias seguras. Menos mal que la realidad, aliada con la volta, se encargó de desmentir al hombre del tiempo casi todos los días. Cuentan que después de la segunda guerra mundial, los meteorólogos le dijeron a Churchill: ¡gracias a nuestra ciencia, cada vez más exacta, hemos acertado un 45% de los pronósticos!. Churchill frunció el ceño y aseveró con gesto serio: ¡Así que si no les hubiese hecho caso hubiese acertado más de la mitad!
Con esta vuelta a Portugal hay que hacer justicia y decir que nos han tratado de primera y que la organización es fantástica. En cuanto a prestaciones está varios puntos por encima de la Vuelta Ibérica, como en Francia. No quiero decir que en España no se haga bien, se hace fenomenal pero se consiguen menos cosas por el mismo dinero de inscripción. Si queréis un ejemplo, os lo doy: como a Fernando Sevilla se le estropeó el prelanzador en un campo sin hangares, la organización le pagó el remolque desde ese campo hasta Castelo Branco, a 50 km. Esto, sin patrocinios, no se puede hacer. ¡Estamos rodeados!. En Francia la diferencia es la participación, en Portugal los Patrocinios. Por tan solo doscientos euros hemos dormido en muy buenos hoteles y hemos comido en restaurantes estupendos cuatro días. Este año ha sido gracias a SEAT mientras que la BP, por su parte, nos ha invitado a la gasolina de una etapa.

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Una vuelta más. El cerebro descubre que empieza otra vuelta por el olor. El olor de un hangar por la mañana, antes el ruido de la puerta al abrirse (¡brrrrommm!), el olor de los aviones, la gasolina, el calorcito del hangar y el fresco de la mañana al sacar el avión. Ya fuera se huele la tierra mojada que es el emisario del rocío. Ese olor es como el de la clase de párvulos o como el olor de un bebé. Es el olor de un recuerdo de otra situación similar, agradable, que hace que el día coja un color especial, un color naranja.
Los olores son potentes almacenes de recuerdos. Las canicas también, las de cristal transparente que por dentro tienen unas hélices de colores. Sin embargo, las más buscadas, las de mayor prestigio, eran las de un solo color, las verdes, de un color verde botella, ligeramente picadas por las heridas de mil juegos. La canica verde era invencible al güá. También almacenan recuerdos las gomas de borrar milan, de color verdecillo con los bordes redondeados, y las gomas blancas aplastadas, con olor a nata. Y los recuerdos y los sueños se juntan, agolpados, cuando un piloto recuerda el vuelo. El recuerdo de volar se parece a esos momentos de felicidad que se ponen en el ombligo, como los recuerdos de infancia, de aventuras contadas con lengua de trapo, con los ojos abiertos, asombrados. Sueños cumplidos, felicidad. ¿Y si llueve? pues mejor porque la tierra huele y eso se recuerda.

Una vuelta más, más de lo mismo, aparentemente. Una nueva aventurilla, una nueva retahíla de sensaciones de libertad, nuevos campos aterrizados, conquistados por mi molinillo. Nuevos aterrizajes, siempre sensaciones nuevas, nuevos vientos cruzados, saludos en tierra, prelanzamientos nerviosos. De la ilusión que me hace volar me pongo nervioso, un nervioso tranquilo, una tensión serena y segura que me hace estar atento y concentrado en la complicadilla tarea de despegar un autogiro; formaciones en el aire viendo a mis amigos al lado, a las tres, a las nueve, a las doce; conversaciones por radio, a veces gritos, casi siempre risas,
– ¡Juanín, qué tal vas, hombre!
– Brrrrr,brrrr,
– ¿ese quien es?
– ¡Juan co.. aregla la p… radio!,
– ¡No soy yo, será Malagón!

Marcos y Juan tienen siempre todo en regla. Isaac e Isabel lo tienen siempre todo en regla salvo algún pequeño desacuerdo por el volumen de equipaje, Malagón siempre llega a las aventurillas con deberes por hacer, y luego estoy yo… Aunque en esta vuelta he pasado bastante desapercibido, ya me tocaba.

Marcos lleva todos sus deberes hechos pero basta que dude de si algo no está perfecto para que, al revisarlo, descubra que podía estar mejor. Ese es el momento en que el azar actúa. El azar actúa siempre para mal. Cuando actúa para bien ya no es azar. Así que, en la revisión se suele descubrir, ¡como no! que estaba estropeado. Yo, otra cosa no sabré, pero de encontrarme cosas mal… Así que os lo tengo dicho ¡cuanto más se mira más se descubre! Y Marcos hizo buena la testaruda tradición, tuvo que comprobar si sus ruedas traseras estaban bien infladas y, claro, éstas, al sentirse observadas, quizás por vergüenza, al tocarles el pitorro se descompusieron.

Todos, en el fondo, tienen cierta envidia de mis moviditas y mis desgracias de Bois del año pasado y miran y remiran a ver si tienen algo estropeado. Si es que las desgracias bien contadas, al final resultan ser apetecibles. En la fatalidad hay como algo de afán de protagonismo que a todos nos gusta tener, no sé , una especie de atracción por la desgracia, es como si todos tuviésemos algo de góticos. Y, claro, si andas mirando el timón, por arriba, por debajo, de lado, lo mueves hacia un lado y hacia el otro, compruebas si la rueda delantera se mueve, al final dse acaba descubriendo alguna holgura milímétrica. La verdad es que no es mucho, mejor hubiese sido una buena fisura, algo más espectacular, pero bueno, no está mal.

Vaya hombre, ¡que contrariedad, qué intempestivo, que mala pata! (Gelo habla así). Habrá que arreglarlo. Y para arreglarlo hacemos lo siguiente: Sacamos el autogiro del hangar, que tiene el suelo de cemento y lo ponemos en una zona con tierra y hierbecilla para que así si se cae algo no se pueda encontrar bien. Una vez quitado el timón para comprobar que estaba perfectamente colocado, las treinta y seis arandelas que lo sujetan y orientan se caen según lo previsto en un terreno de un color muy parecido al de ellas. Se va a hacer muy complicado saber si están todas.
– ¿Cuántas eran, treinta y cuatro o ventiseis?
– ¿Cómo voy a acordarme, ¡recórcholis!? Dijo Malagón.
– Oye y, otra cosita, ¿cincuenta y dos arandelas para tres tornllos?
– Pues claro coj…. (ya se le ha vuelto a estropear la lengua) Se ponen más en un sitio que en otro para levantar el plano del estabilizador horizontal.
– ¡Aaaahhhh! (Sonido complaciente)

De esta vuelta me quedarán estos olores.

También me acordaré de las fantásticas pistas portuguesas de iniciativa municipal, de mi autogiro que estrenó los nuevos depósitos fabricados por Ángel, de Cerval. Por fin cargo más de cien litros aunque no creo que jamás me atreva a salir con los depósitos totalmente llenos.

Me acordaré de la tozuda niebla de Cerval, del pinchazo de Mederos, de la entrevista de la televisión de Mirandela, de Joauim y David a los que volvía a ver en otra aventurilla más, de la carrera entre un coche y un avión en Seia y del precioso pueblo en la montaña, con su hotel y su cena; del viaje a Monfortinho pasando por la altísima Guarda, y de la comida con premios (uno para Juan por ser el que venía de más lejos). Del viaje a toda pastilla hasta Castelo Branco, de su taxista despistado y de la discusión política, gintonics mediante, por la noche en el hotel; del organizador del parking de Arraiolos que metió a sesenta aviones en doscientos metros cuadrados (estaría fenomenal la hazaña si no fuese porque había aproximadamente dos hectáreas para aparcar); no se me olvidará el interminable discurso de inauguración del aeródromo de Arraiolos, ni la llegada al inmenso aeródromo de Évora, ni la cara de alegría de Juan, Marcos y Gelo, después de probar los “cincomilcaballos” de un SEAT amarillo en una pista de pruebas; sobretodo recordaré las tormentas esquivadas camino de Ferreira y el impresionante paisaje al llegar a la pista en un desmonte de la montaña. Me acordaré del impresionante viaje de vuelta por Extremadura con sus dehesas verdes volando a tres metros del suelo y ascendiendo un poquito para no chocarnos con los animales y las vallas de los linderos Nos acordaremos todos de cómo se han portado Rui, Paulo y Jacqueline,

Me acordaré de esta volta.

Giro 2010

La Giroaventura nació con dos ideas básicas y fundamentales, la primera es la de que sea un punto de encuentro y reunión para que los pilotos de autogiro podamos pasar unos días volando juntos, y la segunda es que el espíritu de aventura se mantenga en cada una de las ediciones y siempre esté presente en el sentir de los participantes, por ello la Giroaventura está exenta de limitaciones de espacio o de tiempo.

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Ya hemos visitado las zonas cercanas a España, como Francia, Italia, Portugal y Marruecos.

En la última edición se puso en evidencia que la giroaventura estaba desvirtuando ese espíritu de aventura convirtiéndose en un evento totalmente organizado más, o por lo menos eso es lo que se pensaban los participantes, llegando a acusar a los coordinadores del evento de errores propios e incluso realizando exigencias propias del típico evento organizado y no de la Giroaventura.

Es por eso que este año se le ha dado un formato diferente. Como prueba se puso en conocimiento de los anteriores participantes las fechas de estancia en los diferentes campos de vuelo y ellos debían de organizarse la aventura por su cuenta, contratando todos los servicios, cuyo desenlace fue un descenso considerable de los participantes.

Pero la Giroaventura volvió a tomar ese carácter inicial de aventura.

La ruta se planteó, como no podía ser de otra forma en este año, siguiendo el camino de Santiago, pero no solo realizarlo volando, si no además realizar 107 km andando, ganando así la compostela.

Por motivos meteorológicos tuvimos que posponer un día la salida, por lo que perdimos la primera etapa andando y sólo realizamos 75 km andando.

Pero en esa andadura encontramos el nombre de esta edición. No podía ser otro que giro 2010.